Conocernos para amarnos

Las palabras de este artículo, están pensadas en especial, para aquellas parejas que se encuentran previo a la etapa del compromiso. Esa etapa tan emocionante y tan llena de ilusión, en la que soñamos con grandes ideales, y en la que estamos discerniendo si vamos a dar el paso o no. Pero no importa si tu noviazgo aún está muy lejos de pensar en compromiso, o si ya te encuentras comprometido(a), es sumamente importante cuestionarnos sobre: ¿qué tanto nos conocemos realmente? ¿Qué tan dispuesto estoy yo a que la otra persona me conozca?, o si en verdad nos estamos conociendo para amarnos más.

¿Alguna vez has pensado que toda tu vida, tu historia, tus heridas, tus triunfos y fracasos y todo lo que forma parte de ti, especialmente lo que no ha sido tan bonito, no debería ser contado nunca; ni siquiera a tu futuro esposo o esposa? 

Pues bien, hemos tenido la oportunidad de conversar con diferentes personas al respecto y muchos, por no decir casi todos, sienten temor de abrirse a la persona que se supone será su compañero(a) de vida, incluso sienten vergüenza de solo pensarlo. Y es que en realidad, a nadie le gusta sentirse expuesto ni vulnerable. 

A lo largo de estos años que tenemos de caminar juntos, hemos pasado por muchas pruebas y muchos momentos; los cuales, nos han hecho aprender y darnos cuenta de la importancia de compartir con tu pareja quién fuiste, para entender quién eres y además, quién quieres llegar a ser. Conocerse es descubrirse, más allá de exponerse. Descubrir que en el conocimiento mutuo podemos comprendernos y sobre todo apoyarnos, es una gran riqueza que debemos aprovechar. 

Es de suma importancia entender que cuando nos conocemos en plenitud, podemos mirarnos con ojos de misericordia y por ende, amarnos como Dios nos ama, con esa misma dignidad que nos pertenece, dignidad de hijos de Dios. 

Cada uno de nosotros tiene una historia desde el vientre de su madre, desde ahí se empieza a desarrollar. Y unido a las vivencias diarias en nuestro crecimiento, se va desarrollando nuestra forma de ser. 

Algunas veces, habremos utilizado lo vivido para construirnos a nosotros mismos, en otras ocasiones esas situaciones quizás no las hemos utilizado para edificarnos, pero cada uno de nosotros sin importar los aciertos o errores que hayamos alcanzado con esas circunstancias debemos reconocer e identificar que son muchos los factores que han tenido influencia en lo que hoy somos, y que aunque no sea la historia que me hubiera encantado tener puedo empezar a cambiarla si es que es necesario romper con patrones y cadenas.

Ahora bien, no es algo que haces con cualquier persona, debes saber que la persona con quien compartes tu historia debe ser realmente aquella quién te ha demostrado que puedes confiar. Además de que ambos deben estar dispuestos a abrirse juntos y comprometerse a no juzgar por los errores de su pasado, ni tampoco criticar la historia del otro. Por lo tanto, si estas a las miras de un compromiso prepárate para las conversaciones incómodas, puede ser difícil al principio pero después verás que tan sanador y salvador puede ser.

Es muy fácil amar solo las cosas buenas o bonitas de tu pareja, pero aprender a amar de verdad va más allá de eso. Cuando te abres a tu pareja te permites experimentar la libertad de quitarte las máscaras que te han acompañado toda tu vida y mostrarle tu verdadero rostro a esa persona que será tu cónyuge, ya que esta persona merece conocerte, es un ejercicio recíproco que deberán tomarse el tiempo de realizar. Deben recordar que en el matrimonio no hay secretos, y si hay cosas de tu vida que no quieres contar y por alguna razón se descubren en el matrimonio, ahí es donde habrá un verdadero problema. 

Como parte del compromiso del sacramento del matrimonio está la entrevista con el sacerdote previo a casarse, aquí juramos ante Dios con la mano sobre la Santa Biblia que todo lo que diremos y responderemos será verdad y justamente una de las preguntas que nos hace el sacerdote es: ¿hay algo de tu vida que tu pareja no sepa y que de saberlo, pueda decidir no casarse contigo? 

¿Y por qué se pregunta esto? Porque si no lo cuentas antes de casarte y una vez en matrimonio tu cónyuge conoce esa parte de ti que no quieres contar y por alguna razón no está dispuesto o dispuesta a vivir con esa parte de ti, puede llegar a ser causa de divorcio e inclusive, motivo de nulación matrimonial. Es aquí donde encontramos algo de suma importancia, guardar u ocultar algo de tu historia, de tu pasado, de quien eres a tu pareja, puede significar a la larga algo desastroso. 

Otra forma de mirarlo es, siendo optimistas, si al mostrarte tal cual eres a tu pareja, decide no seguir a tu lado, nos consuela recordar que Dios todo lo permite por una razón, tal vez esa persona no es para ti, y aunque suene trillado, lo que no es para uno ni a la fuerza entra, y quizás te está librando de llevar a futuro un matrimonio que terminará mal tarde o temprano.

Ten presente a Dios en tu corazón y en el corazón de tu relación, siempre que hablen temas de importancia invoquen al Espíritu Santo y confíen en que el Señor les dará la sabiduría y la prudencia para saber cómo contar aquello que tanto te avergüenza de ti. Lo importante de esto es reconocer que al conocerse completamente, encontramos una oportunidad para amar en plenitud y si Dios en su infinita misericordia te ha perdonado y te mira con ojos de bondad sin importar tu pasado, muéstrale a tu futuro cónyuge que pueden crecer juntos en santidad mostrándose mutuamente esa misma misericordia. 

Joss y Meli

@eltallerdesanjose.cr

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