¿Qué es ser femenina?

Durante mucho tiempo mi idea de feminidad estuvo tergiversada. 

Pensaba que para ser femenina era necesario ser delicada, que me gustaran los vestidos y el color rosado.

Yo era todo lo contrario, o al menos trataba de alejarme de esos estereotipos. Quería ser considerada fuerte, independiente, sin necesidad de la ayuda de nadie. Yo sola contra el mundo. 

Me compré la idea de la sociedad sobre la “liberación de la mujer”. En este feminismo distorsionado, el hombre se pone en el centro de la narrativa y es la medida del éxito. Al parecer el objetivo del feminismo contemporáneo es que nos parezcamos más al hombre. Parece que el concepto de “ser mujer” fuera algo obsoleto que la sociedad ya no necesita. 

Sin embargo, me llevó mucho tiempo conocer verdaderamente mi feminidad. Valorar mi ser mujer y no verlo como limitante, sino, por el contrario, ser capaz de reconocer mi feminidad como poderosa. No el concepto de poder que la sociedad promueve, sino un poder que transforma, construye, nutre, se da. 

Ahora entiendo que la feminidad genuina no se define por colores o cómo me visto o si tengo cabello largo y maquillaje. Surge de lo más profundo de mi identidad como mujer: ser MADRE. Mi feminidad está conectada directamente con mi capacidad de ser madre. Sin embargo, pensaba que ser madre era un concepto que me detenía y alejaba de mis sueños más ambiciosos y sentía un temor profundo hacia ella. 

Pero espera, no solo se trata de ser madre en el sentido estricto de la palabra. Independientemente del estado de vida en el que una mujer se encuentre (casada, soltera, consagrada), todas estamos llamadas a algún tipo de maternidad. Nuestro cuerpo está  intrínsecamente diseñado para cuidar, nutrir, forjar vida, ser fecunda para desarrollar una misión. 

Las mujeres, desde cómo ha sido diseñado nuestro cuerpo, hemos sido creadas para recibir, pero no de manera pasiva, sino al contrario, de modo fecundo. Somos activas en aceptar los regalos de Dios. Es increíble como nos dan una casa y nosotras hacemos un hogar, nos dan alimentos y hacemos una cena deliciosa, recibimos un espermatozoide y lo convertimos en una pequeña vida. Lo que recibimos lo hacemos maravilloso.

Decía la filósofa Alice von Hildebrand que una “mujer por su propia naturaleza es maternal – ya que toda mujer, casada o soltera, está llamada a ser madre biológica, psicológica o espiritual – ella sabe intuitivamente dar, nutrir, alimentar, cuidar de los demás, sufrir con y por ellos, porque la maternidad implica sufrimiento, y es infinitamente más valiosa a los ojos de Dios que conquistar naciones y volar a la luna”.

Es lo que el Papa Juan Pablo II llamó “genio femenino”. 

Genio femenino 

La hermana Prudence Allen, en su libro “The concept of woman”, aborda la naturaleza de la mujer como un ser que actúa y ama en el mundo, manifestándose a través de una creatividad única en las relaciones humanas. El genio femenino, entonces, es esa manera única en la que la mujer se relaciona con los demás.

Si bien no existe una definición definitiva de “genio femenino”, se pueden identificar cuatro aspectos fundamentales:

  • Receptividad
  • Maternidad 
  • Sensibilidad 
  • Generosidad 

Adicionalmente, el Papa Juan Pablo II señala características como la intuición, fuerza, belleza, fidelidad, la capacidad de entregarnos al otro. Es a través de estas virtudes que las mujeres ofrecemos al mundo nuestro genio femenino.

Feminidad y masculinidad se complementan 

Recordemos que la riqueza de la feminidad siempre se complementa con la masculinidad. Es cierto que las mujeres somos las privilegiadas de tener los valores mencionados en mayor amplitud. Sin embargo, los hombres, desde su propia masculinidad, pueden ser sensibles, generosos, receptivos. Las mujeres, con nuestro ejemplo, podemos guiarlos en esta tarea. 

En La Carta a las mujeres del Papa Juan Pablo II nos dice:

La mujer es el complemento del hombre, como el hombre es el complemento de la mujer: mujer y hombre son entre sí complementarios. La femineidad realiza lo “humano” tanto como la masculinidad, pero con una modulación diversa y complementaria.

Femineidad y masculinidad son entre sí complementarias no sólo desde el punto de vista físico y psíquico, sino ontológico. Sólo gracias a la dualidad de lo “masculino” y de lo “femenino” lo  “humano” se realiza plenamente.

María es la máxima expresión del genio femenino.

Citando nuevamente al Papa Juan Pablo II:

María se ha autodefinido “esclava del Señor” (Lc 1, 38). Por su obediencia a la Palabra de Dios Ella ha acogido su vocación privilegiada, nada fácil, de esposa y de madre en la familia de Nazaret. Poniéndose al servicio de Dios, ha estado también al servicio de los hombres: un servicio de amor. Precisamente este servicio le ha permitido realizar en su vida la experiencia de un misterioso, pero auténtico “reinar”…¡Su “reinar” es servir! ¡Su servir es “reinar”!

En mi experiencia personal, mi genio femenino lo veo desplegado en mi hogar, donde me siento plena y feliz. Mi fecundidad se manifiesta al máximo cuando sirvo a mi familia en lo ordinario de cada día. A través de mi servicio, he podido descubrir mi vocación como madre y esposa.  Es un camino que jamás imaginé, pero que Dios tenía reservado para mí.

Te invito a explorar y entender tu propio genio femenino. Reflexiona sobre desde dónde estás llamada a ser fecunda. Puede ser en el trabajo, siendo proactiva en las necesidades del otro; desde casa cuidando a tu familia; siendo una buena amiga acompañando desde un consejo o solo con tu presencia; o en el trabajo dando lo mejor de ti para cultivar un ambiente armonioso que genere productividad. Dondequiera que te encuentres, recuerda que, como mujer, posees un abanico de virtudes que puedes compartir con el mundo.

Por último te dejo este extracto de la Carta a las mujeres del Papa Juan Pablo II:

No definamos nuestros estándares de ser mujer como ser “fuertes” como hombres. Por el contrario es poderoso ser mujer. Es asombroso lo que nuestra feminidad nos regala, desde nuestro cuerpo que da vida hasta nuestra sensibilidad que es experta en cultivar relaciones humanas. 

Mirian Oria 

@anordinary_mom

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