Verdadera feminidad, ¿en qué consiste?

El problema actual, por Maria Calvo Charro en La Mujer Femenina (2022)

«Muchas mujeres expresan su desencanto con la realidad del éxito profesional; otras se han sentido engañadas por las promesas del feminismo; algunas renuncian a la maternidad presionadas por el ambiente social y ceden a las expectativas masculinas sobre su carrera profesional.

Se sienten insatisfechas porque han vivido según patrones masculinos y según los patrones de un feminismo desnortado que las ha despojado de su esencia y autenticidad y que, sin percibirlo, les impuso patrones cosificados propios de los varones. 

La mujer debe despertar a una feminidad consciente, para ello debe hacer un viaje interior en busca de su propia identidad».

Entendamos que el cuerpo (fisiología, neurología; su ser físico) y el alma (pensamiento, emociones, inteligencia, voluntad; su ser etéreo) son indivisibles y se determinan conjunta y mutuamente

Por tanto, ser mujer no es un constructo social, es propio de su naturaleza innata. El mundo en que vivimos quiere negar y cerrar los ojos a esta verdad tan evidente (ver: What is a woman? de Matt Walsh).

Hay una solución para que la mujer se sienta satisfecha y auténtica: abrazar su verdadera feminidad.

Veamos 4 características propias, inherentes del alma femenina, a ojos de Edith Stein: filósofa, santa y doctora de la Iglesia Católica.

1º Maternidad

El ejemplo más claro de la indivisibilidad entre cuerpo y alma es la maternidad: el cuerpo femenino, a diferencia del masculino, está preparado para dar vida. Esto implica que su alma fue dotada (desde la misma formación neurológica) de las características necesarias para llevar a cabo esta labor: cuidado, atención, intuición, empatía, altruismo. Las cuales, el varón no posee innatamente en igual perfección o medida que la mujer. 

Si bien, la maternidad física, no es obligatoria para que una mujer se sienta satisfecha. Sí es, en cambio, el abrazar y poner en práctica esas características de su alma, y no reprimirlas. Ya que así se sentirá completa y realizada en esta dimensión femenina. 

Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) lo expone así:

«La mujer busca de forma natural abrazar lo que es vivo, personal e íntegro. Cuidar, guardar, proteger, nutrir y promover el crecimiento es su anhelo natural y maternal».

La maternidad física, puede no ser la vocación de toda mujer. Pero toda mujer tiene la vocación de ser «madre» en algo. Teresa de Calcuta y la misma Edith Stein son prueba de ello, ninguna se casó, pero dedicaron su vida a «abrazar lo que es vivo, personal e íntegro», dieron fruto con el amor y sagacidad, que solo una mujer puede poner a lo que hace.

2º Generosidad

«El alma de la mujer está moldeada como un refugio donde otras almas puedan desarrollarse» —Edith Stein

La atención de la mujer se centra naturalmente en las personas, se revela sensible a las realidades personales, las emociones, la armonía, la globalidad.

Esta generosidad la hace fuerte, fuerte para soportar las múltiples cruces de su alma y cuerpo, por amor a los demás:

Siendo la comprensión una de sus más grandes necesidades «una mujer puede ciertamente soportar el no ser comprendida aunque esto la haga sufrir: está dotada de la suficiente generosidad para soportar esta durísima prueba» (Paul-Engene Charbonneau); ejemplo de una cruz del alma.

Por amor a los hijos, incontables madres se despojan a sí mismas de una o más comidas diarias, prefiriendo, poniendo por encima de sí, el bienestar, la salud e integridad de aquellos que ama; ejemplo de una cruz corporal. 

¡Pero qué mujer se arrepentirá de su entrega, generosidad y don de sí a sus seres amados! 

Arrepentirse de haber amado tanto a sus hijos o familia es algo JAMÁS saldrá de la boca de una mujer (tal vez sí, de alguna con identidad o moral confundida y distorsionada).

Nunca hay que desestimar o dar por sentado su generosidad; por el contrario, apreciar, agradecer y dar de vuelta ese amor que ella entrega sin condición. 

3º Receptividad

Dice Edith Stein que la mujer tiene un profundo deseo de dar y recibir amor. 

Ese deseo de recibir amor es bien comprendido por las enseñanzas cristianas. En la Carta a los Efesios, Dios manda al hombre a que ame a su mujer, y a la mujer que respete a su marido (Efesios 5,33). 

El escritor cristiano, Dr. Emerson Eggrich, relata que una vez le preguntó a Dios en oración:

—Señor, ¿por qué mandaste al hombre a amar a su mujer, y no a la mujer a amar a su marido? 

Y el Señor le respondió: 

—Puse dentro de la naturaleza de la mujer el deseo de cuidar/velar por los demás. La mujer ama amar a un nivel profundo de intimidad […]. No voy a ordenarle que haga aquello para lo que la creé, porque no me gusta la redundancia.

¡Cuánta es la sabiduría de Dios!

Él sabe que una mujer que se siente amada es una incubadora, una fuente infinita de más amor, de más entrega. Se genera así un ciclo infinito de amor que la satisface, la llena y hace plenamente feliz.

La mujer «engrandece y multiplica cualquier cosa que le des» (William Golding).

4º Dignidad

Respecto a su dignidad propia: es inherente, intransferible, innata. No hay varón que sea superior en dignidad a la mujer, ni mujer que sea superior en dignidad al varón.

Ambos somos imagen de Dios. Ser humano, manifestado en dos modos: varón y mujer. En esto último sí somos distintos (física y emocionalmente).

«Distinto» no significa valer más o valer menos que el otro, sino que nos necesitamos: uno es mejor en ciertas cosas o puede hacer algo que el otro no. Si fuéramos idénticos en todo, uno de los dos estaría sobrando.  

Pero, además: la mujer tiene la capacidad de dignificar y ennoblecer todo a través del amor. Su intuición para saber amar y cómo amar es incomparable. 

San Juan Pablo II, en Mulieris Dignitatem, subraya que el genio femenino tiene que ver con la sensibilidad de la mujer hacia lo humano, con la especial visión personalizadora. 

Según él —¡y cuánta razón tiene!—, la mujer tiene un talento especial para ver en el otro plenamente a una persona.  Y este talento es de una valía especial, en un mundo que tiende a la tecnificación y despersonalización. Incluso a la cosificación, o peor aún, a la sexualización.

¡Como mujer tienes la capacidad de transformar y hacer más digno al mundo, a través del amor! ¡No desaproveches tu don!

¡Abraza tu feminidad, valórala y ámala, sé tú misma! ¡Ámate, Dios te hizo hermosa como eres, para ser un don, un regalo para el mundo!

Juan Diego Enciso Molina, @juan.diego.enciso 

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